La profunda voz de Lorenzo resonaba en la mente de Celeste mientras su rostro se tornaba rojo. Decidió dejar de pensar en esas cosas. Dejó la manta y se levantó de la cama, dirigiéndose al baño. Después de alistarse, salió a la sala, pero no encontró rastro de Lorenzo. ¿Se habría ido a trabajar?
—Señora, ha despertado.
En ese momento, se escuchó una voz respetuosa de una mujer de mediana edad detrás de ella. Era una criada vestida con uniforme y delantal que le mostró una sonrisa radiante.
—Seño