—El trabajo aquí es muy bueno. Debes quedarte. Ah, por cierto, ya hemos arreglado la puerta de tu casa —dijo Andrés, creyendo que, después de contarle esa noticia a Celeste, ella debería estar más contenta.
De todas maneras, si Lorenzo no le permitiera renunciar, sin importar si ella quisiera o no, tendría que quedarse en la empresa. La resistencia solo sería inútil.
—Gracias. Voy a buscar mi teléfono y prepararme para trabajar.
Algo desmotivada, Celeste se levantó y se encaminó hacia su oficina