Celeste no creía que Enrique tuviera algo importante que decirle. Para ella, parecía que estos vatos nomás estaban aburridos y la estaban tomando como una diversión.
—Señor Paredes, aún tengo algo que hacer, si no es mi jefe quien me busca, me iré —dijo Celeste mientras se volteaba para irse.
Pero Enrique la detuvo:
—No, no te vayas, al cabo que te eché la mano ayer. ¿No sería apropiado largarte tan rápido después de haber venido?
—¿Me ayudaste?
—Aquel día, cuando Lorenzo te buscaba, ¿crees que