—¡Pero maldita sea, ¿qué demonios hiciste?! —Los ojos de Isabella se llenaron de un odio tan intenso que parecía que quería despedazarla—. ¡Todo estaba tan bien cuando nos fuimos de luna de miel, pero al regresar y encontrarte, todo cambió!
—¿Por qué no te fuiste? ¿Por qué insistes en meterte en su vida? ¡Él estaba a punto de enamorarse de mí!
—¡Celeste, destruiste todo lo que tenía! ¡Es por tu culpa! ¡Todo es por tu culpa! —Isabella gritaba de forma histérica.
Para ella, todos los problemas se