Isabella tenía aún las marcas del golpe en su mejilla, con los dedos de Celeste claramente impresos en su piel.
Marta se quedó en shock por un momento, incapaz de reaccionar, hasta que finalmente abrazó a Isabella y, con una mirada fría, espetó:
—¡Maldita, te atreviste a golpearla!
—Celeste, sé que me odias, me has hecho tanto daño... —Isabella, cubriéndose la cara con una mano, dejó que las lágrimas corrieran por su rostro.
Samuel, quien había estado observando la escena en silencio, soltó una