Todo por esa simple frase, «te extraño», él había decidido venir.
Celeste, un poco aturdida, lo miró fijamente. El alcohol que había consumido comenzaba a hacerle efecto y su cabeza se sentía ligeramente mareada.
Sin pensarlo demasiado, rodeó con sus brazos el cuello de Lorenzo y apoyó su cabeza en su hombro.
El aroma masculino, cálido y familiar de Lorenzo la envolvió, haciéndola sentir segura.
—¿Bebiste mucho? —preguntó Lorenzo al percibir el ligero olor a alcohol en su respiración.
—Me siento