De regreso en la villa.
Lorenzo la acomodó en el sofá, con un frasco de crema en la mano para aplicar sobre su mejilla hinchada.
—¡Ah! —Celeste se encogió ligeramente al sentir la crema.
—¿Te lastimé? —preguntó Lorenzo, frunciendo el ceño—. Aguanta un poco, seré más cuidadoso.
Aunque no dolía tanto, Celeste sonrió y no dijo nada más.
Los dedos cálidos de Lorenzo esparcían la crema suavemente, refrescando su piel inflamada.
Celeste lo miraba fijamente, sus ojos recorriendo las facciones de su ros