Celeste se sumió de nuevo en un sueño ligero, hasta que un golpeteo en la ventana la sacó de su descanso.
Desorientada, abrió los ojos y vio a una sirvienta uniformada esperándola afuera.
—Señorita Torres, doña Olivia desea hablar con usted. La está esperando.
Lorenzo ya había entrado en la casa.
Celeste no tenía ganas de ir, pero sabiendo que Olivia la había mandado a buscar, no pudo evitar dudar antes de salir del auto.
La sirvienta la guio hacia el interior de la mansión. El jardín, envuelto