Los rasgos de Lorenzo se los debía en su mayoría a doña Olivia, aunque él tenía un aire más imponente y varonil.
Al escuchar los pasos, Olivia levantó la mirada hacia Celeste, observándola detenidamente, como si estuviera evaluando una mercancía.
Celeste sintió cierta incomodidad, pero mantuvo la cortesía, y se acercó para saludarla con respeto: —Doña, me dijeron que quería verme.
Olivia dejó la taza de café sobre la mesa y la miró con frialdad: —Señorita Torres, parece que te das tu importancia