Un leve pinchazo de dolor se sintió en el corazón de Celeste.
Pero todos tienen un pasado. No había necesidad de aferrarse a algo que solo traería incomodidad para ambos.
Celeste forzó una pequeña sonrisa: —Solo preguntaba por curiosidad. Pero... tengo hambre. ¿Vamos a comer algo?
...
Dos días después.
En la habitación del hospital.
—¿Qué demonios está pasando? ¿Por qué nadie puede contactar a Naim?
Marina estaba furiosa, su rostro aún pálido, apretando con fuerza el celular en su mano.
—Mamá, e