—Vámonos —dijo Samuel.
Celeste lo miró fríamente, y empujó la puerta del auto para bajarse.
Bzzz…
Justo en ese momento, el teléfono comenzó a sonar. Era una llamada de Lorenzo.
Celeste brillaron los ojos y contestó:
—Lorenzo, ya no estoy en la oficina. Cuando termine con esto, regreso para hablar contigo.
—¿Dónde estás? ¿Estás con Samuel? —la voz de Lorenzo sonaba tensa.
—¿Ya lo sabes? —Celeste se sorprendió—. Dijo que iba a dar una conferencia de prensa, por eso estoy con él...
—Celeste, escuch