En la sala de juntas del Grupo López.
—¡Achís!
Celeste estornudó de repente, frotándose la nariz con su pequeña mano.
—Señorita, ¿se siente mal? ¿Necesita ir al hospital? —le preguntó Rafael, preocupado.
—No pasa nada —Celeste sonrió.
En aquella vasta sala de juntas solo se escuchaban sus voces, el ambiente era extremadamente tenso.
Celeste levantó la mirada, sus ojos brillantes recorrieron a cada uno de los accionistas que estaban presentes con el semblante sombrío, y luego a Marina, sentada al