Celeste mordió sus labios, sin decir nada.
Lorenzo la observó un rato, curvando más los labios. Sus largos dedos pellizcaron suavemente su rostro.
—Cuando Andrés nos trajo el desayuno, también vino con ropa. Dijiste que no te gusto, ¿pero aun así quieres monopolizarme? ¿Así es la justicia que dijiste? ¿Hum?
La ingrata no quería darle un hijo, pero luego se puso celosa en secreto. Lo primero lo irritó, pero lo segundo lo alegró. Solo ella podía hacerle sentir así.
Celeste se quedó perpleja por un