Porque Margarita no tenía hijos, y era solo una criada doméstica, su muerte no fue más que...
“¿Qué más da que haya muerto una simple criada?”
Una simple criada…
La voz de Marina era indiferente, como si solo hubiese pisado una hormiga en la calle.
La aplastante ira hizo que la mirada de Celeste se volviera gélida. La interrogó a Marina con una voz sombría:
—¿Quieren darme dinero? Bien, ¿cuánto crees que vale la vida de tu hija, perra?
Isabella se enfureció de inmediato:
—Celeste, ¿te atreves a