La habitación volvió a quedarse en silencio.
—Celeste, sabes que necesito un heredero.
Lorenzo la miró fijamente por un omento, frunciendo el ceño mientras hablaba.
Aunque su matrimonio con Nadia era por conveniencia, al fin y al cabo, eran una pareja. Era normal que la familia los presionara para tener un hijo.
En los ojos de Celeste pasó un atisbo de emoción compleja, y lo miró con seriedad:
—Entonces, rompamos.
Lorenzo frunció el ceño:
—¿Otra vez buscas excusas para dejarme?
Celeste negó con