El ocaso había teñido el amplio estudio de un intenso tono naranja.
Celeste estaba sentada en el escritorio, y el hombre, de gran estatura, se encontraba de pie frente a ella. Con una mano sujetaba su delgado cuello y con la otra rodeaba con fuerza su cintura, envolviéndola entre sus brazos mientras la besaba profundamente.
Una brisa pasó, levantando ligeramente el blanco vestido de ella, cuyo dobladillo rozaba suavemente los pantalones negros de él, formando una escena apasionada.
Gurrr...
Lor