—Lo siento, señorita, no sabía que estaba aquí. Entré para hacer la limpieza. Lo siento mucho y me retiraré de inmediato.
—¡Lárgate de aquí, nadie te pidió que molestaras!
—Entendido, señorita.
El empleado se fue rápidamente con su carrito y la habitación volvió al silencio.
Después de unos segundos, se escuchó la fría voz de Isabella:
—Es cierto que Celeste se ha vuelto a ser como una tonta. Lorenzo ha llevado a muchos médicos a casa, pero nadie ha podido curarla. Seguramente te has confundido