Celeste no le creyó:
—No es que todos los CEOs sean así… ¡Podré trabajar para las presidentes! Si tú no quieres vengarte de mí, entonces firma mi renuncia.
—El año pasado, en agosto, la presidenta de Abetos Textil envió a sus dos secretarias a la cama de unos extranjeros que tenían gustos especiales, y una de las secretarias murió, mientras que la otra se volvió loca y la internaron en un hospital psiquiátrico. Estas dos secretarias eran huérfanas y el asunto se quedó así sin mayores consecuenci