¿Es... para mí?
Aisha frunció el ceño al ver que el lugar donde el Alfa la había traído, no era precisamente la casa de la manada sino una preciosa casa, no demasiado pequeña, pero tampoco muy grande cercana al bosque.
Él se detuvo frente a la puerta y abrió rápidamente, haciéndose a un lado. Sus ojos penetrantes la observaron en silencio, antes de romperlo.
—Entra.
Ella pasó por su lado, pero el espacio era tan estar hecho que sin querer, rozó con su hombro el pecho del macho, y aunque él estaba vestido, un es