Después de que el Alfa Kian se fuera de su habitación, Dana no había podido dormir nada.
Se escabulló una vez más entre los pasillos hasta salir de la casa.
—¿A dónde te diriges, Omega?
Ella se sobresaltó viéndose sorprendida antes de encontrarse con el rostro del Gamma de la manada quien la miraba con ojos entrecerrados.
—Voy al lago.
—¿Te está permitido eso?
—Bueno… nadie me lo ha negado.
Él ladea una sonrisa peligrosa dando un paso más cerca de ella aunque sin atreverse a robar su espacio pe