—Debiste saberlo. Las hembras son peligrosas y embusteras. Nunca debiste creerle a una hembra.
El macho golpeó bestialmente al cachorro mientras que las chicas lloraban.
—¡Papá, por favor! ¡Para! No es su culpa, yo…
—¡Fue su culpa por confiar en ti. Su deber es seguir órdenes mías o de su gobernante, no de adolescentes.
Un nuevo golpe se estrelló contra la cara del cachorro quien apretó los puños sintiendo que la sangre inundaba su boca. Su lealtad estaba con su gobernante, no con este hombre a