Ella apretó el teléfono en su mano mientras caminaba por la habitación con nerviosismo y al tercer tono la voz de su madre respondió.
—¿Quién? —el gruñido de irritación de la hembra casi la hizo reír si no supiera que aquel enojo lo había causado su desaparición.
—Mamá, hola.
—¿Devanie, mi amor? ¿Estás bien ahora?
Deva no entendía la pregunta.
Ella no le había preguntado dónde estaba o la había asaltado a preguntas.
—Sí mamá, estoy bien. Yo... estoy en el Bosque oscuro —soltó con rapidez antes