—Él es tuyo.
El susurro de aquella voz femenina la guiaba.
Devanie se levantó de la cama como hipnotizada.
Los últimos meses no había podido dormir bien.
La culpa y la ansiedad de saber que ese macho estaba en el calabozo la aturdía.
—Tienes que salvarlo.
La pelirroja seducida por la voz siguió andando.
No había nadie a su alrededor.
A esa hora era improbable que alguien pudiera estar despierto salvo por los machos que custodiaban la entrada del calabozo. Sin embargo, cuando Devanie giró por e