—Ahora que la has descubierto, déjame compartir un secreto contigo, anciano Frank —la voz de Cole resonó baja y profunda, provocando un escalofrío en la espalda del anciano Frank.
No pude apartar su mirada de los peligrosos ojos de lobo de Cole, cuyo propio lobo temblaba de miedo.
“Esa mujer no es una mujer común y corriente”, continuó Cole, cada palabra cargada de significado.
—Ella es mi tesoro —declaró con voz firme.
“Ella es mi vida”, afirmó Cole, con una convicción palpable.
—Ella es mi al