—Mi vida empieza y termina contigo —susurró, abrazándome por la cintura y escondiendo su rostro en mi cuello—. Así que… no te mueras.
Abrí los ojos inmediatamente al oír su voz, con la respiración agitada. Cole…
Observé a mi alrededor. Seguía atado y retenido contra mi voluntad. Había perdido el conocimiento otra vez, aunque no sabía cuánto tiempo. ¿Ya había anochecido? Necesitaba encontrar una forma de escapar, pero no sabía cómo. Las cadenas que me sujetaban las manos y los pies se apretaban