Cole
—Yo… lo entiendo —tartamudeó asintiendo—. Lo siento de verdad, por favor, no me ignores —sus ojos reflejaban arrepentimiento—.
—No te perdonaré la próxima vez —murmuré al pasar junto a él.
El rostro de Bix se iluminó—. ¡Claro que sí! —exclamó con una sonrisa, volviendo a ser él mismo.
No le presté atención al salir de mi oficina, mientras Oran impedía que Bix me siguiera agarrándolo por el cuello. —No te emociones demasiado y cometas otro error, idiota —le advirtió a Bix.
—¿Acaso soy un ni