Punto de vista de Laila
La mañana de la reunión llegó demasiado rápido.
A las seis ya me encontraba plantada frente al espejo del baño, solo mirando, como si de alguna manera pudiera obligarme a ser otra loba: alguien más valiente, quizá. Alguien a quien no le temblaran las manos.
Había hecho todo bien: el cabello peinado a la perfección, un maquillaje digno de un tutorial de YouTube, el tipo de traje sastre que hacía que los lobos en las salas de juntas se echaran hacia atrás y escucharan de v