Punto de vista de Laila
William dudaba en dejarme sola, pero ante mi insistencia en que Ava lo necesitaba más que yo, terminó por acceder a regañadientes y al fin se marchó.
Había sido un día larguísimo. Estaba exhausta y adolorida; no deseaba otra cosa que pasar unos instantes en silencio y descansar en mi propia cama.
Con lo cansada que estaba, creí que el sueño me vencería deprisa. En cambio, di vueltas sobre el colchón durante horas. Las punzadas de dolor que me recorrían la espalda eran so