Punto de vista de Laila
—¿A qué manada pertenecías antes, Vanessa?
Las palabras me golpearon como un tren de carga, y mis pulmones olvidaron cómo funcionar. Los ojos de Jason —verdes, afilados, implacables— se clavaron en mí como si acechara a una presa sin escapatoria.
Se me secó la boca. Cada posible respuesta era como adentrarse en arenas movedizas con pesas atadas a los tobillos.
—No tengo nada que decir al respecto —logré articular, envolviendo mis huesos temblorosos con una voz firme.
Alz