La culpa la envolvió como cadenas muy pesadas que oprimían su corazón y cada parte de ella.
Un nuevo sollozo se arrancó de su garganta.
Solo en este momento, Nicholas alzó la mirada clavándola en ella como si de repente fuera él, quien tuviera la daga y apuñaleara su corazón.
Apretó su mandíbula pero apretó más firmemente el agarre de Chloe.
La situación había traído la mirada curiosa de otros miembros de la manada, que ahora la veían de manera agresiva.
Chloe tenía razón.
No solo