Más avanzada la noche, Julien supo que tenían que irse ahora antes del amanecer. Solo esperaba que Lacey estuviera dispuesta a hacerlo.
—¡¡Rrroooooaarrr!! —un lobo cambiaformas gruñó fuera de la cueva.
—¡Lacey! —Julien sacudió suavemente su hombro—. ¡Lacey! ¡Despierta!
Abrió los ojos, se incorporó bruscamente y se frotó los ojos. —Julien, ¿qué pasa?
—Alguien está aquí —dijo, pasando su mano por el lado de su cabello mientras se ponía de pie—. Quédate aquí. —Luego dejó que los temblores l