Mientras corrían desde el Recinto de La Manada de Plata, Lacey esperaba no volver a verlo nunca más, ni tampoco a su familia que vivía allí. Corrieron hasta que los débiles rayos del sol de la mañana comenzaron a asomarse entre las nubes. La promesa de un nuevo día, un nuevo comienzo.
Cuando llegaron al recinto, Lacey estaba exhausta, a pesar de que cabalgó todo el camino. Por suerte, ninguno de los lobos de la Manada de Plata los había seguido. Por alguna razón, los habían dejado ir. Pero aho