Punto de vista de Laila
No nos quedamos mucho más tiempo con Richard tras tomar la decisión. Como deseábamos hablar en privado, Jason y yo regresamos a la habitación, donde cerró la puerta a nuestras espaldas. Lo observé desde el otro lado de la alcoba mientras se acercaba, y la mirada se me detuvo en su brazo, justo donde la sangre comenzaba a mancharle la camisa.
De seguro la herida había vuelto a sangrar a través del vendaje. Al ser un roce de bala de plata, hasta a un Alfa le costaría sanar