La vista que daba el gran ventanal de la ciudad era bastante tranquila, me gustaba. Para un día que comúnmente sería bastante catastrófico para mí, el estar en un lugar que me transmitía tanta paz, era muy reconfortante. Por eso recuerdo ese primer día en el apartamento con Alejandro como el inicio de los días buenos.
Comía los sándwiches con lentitud, sintiendo el sabor del jamón con el queso y la mantequilla escurrirse en mi paladar, haciendo que mi estómago gritara de la emoción por recibir