—¿Por qué la llamaste? —puse los ojos en blanco.
—Porque es tu mejor amiga —respondió Sarita con tono de “yo tengo la razón”—. Además, mírate, estás super mal… necesitas apoyo.
—¿Apoyo? Ella sólo me va a seguir regañando como tú.
—Y en este momento lo mereces —aceptó—, porque dejaste a Alejandro como costal de papas. El pobre se veía muy mal…
Y justamente en ese momento sonó el timbre. Miré a Sarita con tono aburrido y ella se levantó para abrir la puerta.
No sólo llegó Marcela, no, obviamente