121. Compensación
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Omnipresente
La tensión en el ambiente era casi palpable. Todos estaban inquietos, observando con cautela la poderosa presencia de Gabriel Seraphiel, quien protegía a Zaira con la fiereza de un pitbull listo para atacar. Su postura dejaba claro que nadie se atrevería a tocarla sin enfrentar las consecuencias.
Zaira, aunque agotada, no estaba dispuesta a dejar este asunto sin resolver. Quería acabar con esto de una vez por todas.
Afuera, en el balcón, trataba de tomar aire, alejándose de