116. Cansancio y ojeras
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Bishop
Selena estaba en shock.
No necesitaba que me lo dijera. Lo veía en la rigidez de sus hombros, en la manera en que sus manos se aferraban a su propio regazo, como si quisiera evitar que temblaran. Se había sentado en silencio, la mirada perdida en la persona frente a nosotros, pero no se levantaba, no protestaba.
Porque en el fondo, sabía la verdad.
Sabía que yo no la dejaría ir.
Sabía que la cuidaba, que la protegía, que incluso antes de que pidiera algo, ya lo tenía en sus manos. No