115. Antes de ir por Lázaro
115.
Selena
—Bishop, déjame ir —repetí en voz baja, con la garganta cerrada por la angustia.
Sus palabras de amor no significaban nada para mí. No después de todo lo que había pasado. No después de lo que había visto con mis propios ojos.
—Bajarás cuando lleguemos a la ciudad —su voz fue un decreto inamovible, su mirada fría como el acero.
Apreté los puños con frustración, sintiendo cómo la impotencia me quemaba por dentro.
—Al menos dime dónde dejaste a Elías y a Eva —insistí, tratando de contr