102. Así no tendría que verlos nunca
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Selena
El club tenía el mismo olor de siempre: tabaco, alcohol y algo más turbio, algo que siempre me hizo sentir sucia. Lázaro caminó delante de mí con esa confianza arrogante que me enfermaba, y cuando abrió la puerta de su oficina, mi pecho se apretó al ver quiénes me esperaban dentro.
Mi madre y mi hermano mayor.
Sus miradas estaban llenas de odio. Nada nuevo.
—Perra, han pasado cuatro años —escupió mi hermano con inquina, los ojos encendidos por una rabia que parecía haber madurado en