XXXVII. Esta, es la última vez
Duncan entró corriendo a buscar las maletas que le faltaban y se le habían quedado.
Isla seguramente seguía en lo de la muerte del viejo ese tacaño, que tan poco dinero le había dejado a su hija, pero lo que sea, él se lo llevaría.
Llevaba años aguantando a esa estúpida estirada psiquiátrica, que nunca le había gustado para nada, solo con la esperanza de quedarse con el imperio de los Campbell a través de ella, pero ni para eso le había servido.
Así que agarraría lo que pudiese y se iría a disf