Levantarme cada mañana con ella entre mis brazos era sublime, sentir su estremecimiento cuando hacemos el amor es algo de otro mundo, sus gemidos me enloquecen, sus movimientos me llevan al cielo y cada gesto de placer me hunde en el puto infierno que arde cuando la poseo sin escrúpulos, como a ella le gusta, como a mí me encanta
—¿En qué piensas Columbus? Has estado ido toda la mañana
—No te incumbe
—Si no te concentras es obvio que necesito saberlo, quiero que trabaje “señor Black”
—Te lo di