Mundo ficciónIniciar sesiónLos cabellos cubiertos por un pañuelo azul, los ojos protegidos por los anteojos ahumados, fumando un cigarrillo nerviosamente, Matilde aguardaba en la sala de espera del penal de Dolores. Había recorrido, a bordo de la camioneta conducida por Catita, los doscientos veinte kilómetros que separaban esa ciudad de Tandil con el alma en un hilo. Una vez en el penal, chocó con la negativa rotunda de las autoridades carcelarias. No les podían permitir ver a un pre







