Lisa
— Con esta promesa de cena, sé que dormiré bien. Te beso. Hasta mañana.
Coloco mi teléfono sobre la mesita de noche, el corazón latiendo suavemente, las mejillas aún tibias por el último mensaje. Una sensación rara, agradable, me invade: la esperanza. Esa palabra que había guardado en el fondo de un cajón cerrado hace mucho tiempo. Esta noche, me siento ligera. Feliz.
Me duermo con una sonrisa en los labios.
Cuando abro los ojos la mañana siguiente, la suave luz del día acaricia mi rostro.