Victorio
Finalmente, me he casado, estoy muy feliz porque ella me ha preferido a mí en lugar de a mi hermano. Por una vez, gano una batalla contra él y eso es suficiente para mi felicidad.
Acabamos de entrar en nuestra habitación, la puerta se cierra tras nosotros. Ella se vuelve hacia mí... su mirada lo dice todo, me desea y voy a ocuparme de ella como se debe.
- Sabes, tengo un pequeño antojo. Voy a ver si hay chocolates en el frigorífico.
¡Mierda! Y yo que creía que me quería a mí. Esta muje