Auracio
Verla así, completamente entregada, dispuesta a aceptar mis caricias, mis lametones, mi atención... me enloquece.
Acaricio su vientre plano, luego desciendo hasta su pubis, hasta su sexo depilado con esmero. Paso los dedos lentamente por la entrada de su vagina… está empapada.
¡Dios, qué hermosa está así! Tan rendida, tan mía.
Me detengo un instante para grabar en mi memoria cada detalle de su cuerpo. Ese cuerpo perfecto que me obsesiona. Esta mujer me domina sin siquiera saberlo. Marca