CAMERON
Después de tomar el jugo de fresas más amargo en la historia de mi vida, no porque estuviera malo, sino porque en realidad no quería comer ni beber nada, Gianna y yo nos sentamos en silencio en el sofá de la sala; ella con sus ropas de estar en casa, yo todavía con el traje con el que empecé a trabajar en la mañana.
Recordaba las palabras de Gregori mientras escuchábamos el reporte de las noticias en la televisión. Ahí decía que el país estaba cerrado en su totalidad: la gente fue envia