GIANNA
En el momento en el que llegamos a una avenida despejada, los escoltas de dos autos delante de nosotros estacionaron y bajaron para rodear el auto, y Donovan y Thomas hicieron lo mismo, ellos posicionándose al centro en cada lateral. Era la escolta.
Delante vi oficiales a caballo, y una cierta ilusión detonó en mi cabeza.
—Dios mío, ¿esto es real? —pregunté por lo bajo—. ¿De verdad está bien que yo esté aquí así?
Escuché una risilla a mi lado y luego un suspiro.
—No te preocupes por eso,