GIANNA
Al despertar esa mañana, a pesar de haber tenido un buen sueño donde flotaba en las nubes de la felicidad, justo antes de chocar con una pared negra que marcaba el fin del camino, un ápice de dolor se regó por todo mi cuerpo. Y es que, sí, Vik era cuidadoso, muy cuidadoso, cuando lo hacíamos por obvias razones; sin embargo, la noche anterior quizás me pasé un poquitito de la raya.
Mientras despertaba, sentí ligeros roces contra mi espalda que pronto identifiqué como besos, esos que sigui