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La madrugada entró impetuosa sin respuestas. Enfermeras entraban y salían, ninguna de ellas decía nada, solo le limitaban a correr de un lado a otro y agachaban la cabeza cuando Lucie, Daniel, inclusive yo, exigíamos saber que pasaba con ella.
Fueron las horas más largas y tortuosas de toda mi existencia. El hambre y el sueño no llegaban, ni siquiera cuando Amelia pretendió que ingiriera algún







