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La madrugada me consiguió despierto en su habitación, encorvado en el suelo y aferrado a sus sabanas. Olían a ella, todo en esas cuatro paredes olía a ella, a frutas, flores y su propia esencia. Pronto comenzaría a llenarse de su ausencia y me embriagaría el doloroso recuerdo de saberla perdida.
Sirena, mi sirena…
Me permití llorar en silencio y acompañé el desaso







